En la clase que brindó el productor, ingeniero agrónomo y asesor de CREA, Daniel Lovino, aportó claves estratégicas para la producción de carne y leche con la alfalfa como insumo principal.

Condicionado por la volatilidad climática y el incremento de los insumos, el escenario agropecuario atraviesa un momento clave en el que la gestión de los recursos forrajeros no es una mera tarea técnica y se transformó en un factor clave del sistema.
Daniel Lovino, ingeniero agrónomo y asesor de CREA, brindó una clase en la Diplomatura de Producción de Alfalfa Sostenible titulada “El negocio de hacer leche y carne con alfalfa. Costos de la alfalfa en sistemas productivos” en la que planteó una visión pragmática: la alfalfa no es solo un componente de la rotación, sino una herramienta capaz de blindar los sistemas productivos.
Producir proteína para mitigar el riesgo
La alfalfa se erige hoy sobre cuatro pilares fundamentales:
Lovino es tajante al definirla como un recurso crítico «debido al incremento en el costo de los concentrados, la volatilidad climática, la necesidad de reducir costos de alimentación y su papel en la sustentabilidad ambiental».
Esta maniobra no es meramente técnica, sino una decisión financiera de alto impacto. Retornar a una base forrajera propia y sólida permite reducir su dependencia de los mercados externos de granos, mitigando el riesgo frente a precios internacionales inciertos.
Al transformar el forraje en proteína animal de bajo costo, el productor construye una estructura de gastos predecible, indispensable para navegar los ciclos de crisis. Sin embargo, para capturar este valor, es imperativo abandonar la gestión por intuición y adoptar una metodología de costeo rigurosa.
Midiendo lo que realmente importa
Para que la alfalfa sea el motor del negocio, debe ser tratada como un insumo industrial. La clave reside en calcular el costo por kilo de materia seca (MS) efectivamente aprovechada, trascendiendo el simple gasto de siembra.
En ese marco, el disertante propone una ingeniería económica basada en el ciclo completo del cultivo (3 a 4 años), utilizando el prorrateo para amortizar la inversión inicial y los mantenimientos anuales.
La estructura de costos se desglosa en dos frentes:
1 – Gastos directos variables: Implantación (semilla, labores), agroquímicos, fertilizantes y riego.
2 – Gastos directos fijos: Un factor determinante que suele omitirse, que incluye el costo de oportunidad de la tierra (arrendamiento) y el gerenciamiento.



La matemática de la eficiencia
Se debe considerar un ciclo de tres años con un gasto variable de $615.000 y un costo de arrendamiento de $1.600.000. Con una inversión total de $2.215.000 y una producción teórica de 35.000 kg de MS, el costo parece bajo.
Sin embargo, al aplicar una eficiencia de aprovechamiento del 65% (considerando el 35% de «desperdicio» inevitable en el pastoreo), el costo real se sitúa en los 100 pesos por kilo de MS aprovechada.
La competitividad económica de la empresa depende casi exclusivamente de la escala de producción y la persistencia del alfalfar:
Tecnología de precisión
La toma de decisiones basada en datos objetivos transforma el forraje de una variable biológica incierta en una materia prima predecible. Daniel Lovino destaca el ecosistema digital disponible, encabezado por el Monitor Forrajero CREA —que procesa datos satelitales Sentinel—, y herramientas como Kelpi o las aplicaciones de INTA.

Esta digitalización, complementada con el monitoreo de la relación insumo-producto mediante Agroseries Crea, permite una presupuestación forrajera con rigor científico. Medir la tasa de crecimiento diaria no es un lujo tecnológico; es la única forma de saber cuánta materia prima hay en el inventario para convertir en carne o leche, eliminando las sorpresas en la cadena de suministro interna.
Impacto en carne y leche
Para poder ser competitivo, la alfalfa es un factor clave según la clase que brindó Lovino, porque la producción de forraje y la carga animal son los niveles base que sostienen la genética y la reproducción.
En los sistemas lecheros, la alfalfa estabiliza el costo por litro y garantiza la salud ruminal mediante la fibra efectiva. Mientras un sistema promedio lucha por la rentabilidad, los modelos intensivos basados en alfalfa proyectan márgenes de entre 500 y 800 dólares por hectárea. El impacto de la calidad es drástico: elevar el aprovechamiento del 58% al 72% redefine la eficiencia biológica de todo el rodeo.


En la producción de carne: La versatilidad del cultivo permite resultados financieros que compiten de igual a igual con el tambo.
Intensificación: La cría intensiva sobre alfalfa genera márgenes de $150-250/ha, frente a los $50/ha de los sistemas sobre campo natural.
Habilitación de suelos marginales: Lovino describe procesos de transformación en ambientes clase 6 y 7 (monte de gramilla y esteros), donde la alfalfa permite saltar de una carga de 0.3 a 2.4 vacas por hectárea.



Feedlot: Un caso emblemático en Ceres, Santa Fe, demuestra que incluir alfalfa (28-30% de la dieta) como fibra efectiva en corrales de engorde reduce el costo global entre un 10% y 15%, mejorando la adaptación animal y previniendo la acidosis sin resignar ganancias de peso.
La rentabilidad hoy no se busca en los precios de pizarra, sino en la capacidad de transformar forraje propio en proteína al menor costo posible. Tras el durísimo ciclo de sequía 2022-2024, el valor de contar con reservas propias (silaje y heno de alfalfa) ha cobrado una dimensión emocional y financiera crítica; es la diferencia entre la continuidad del negocio y la descapitalización por compra externa de alimento.
Como cierre, Lovino sintetizó que la integración estratégica de este cultivo permite «reducir costos de alimentación, producir proteína propia, mejorar la resiliencia ante el clima y aumentar la competitividad global de la empresa».
