“El suelo es el factor que puede condicionar el éxito o el fracaso del cultivo”, aseguró el ingeniero Astor López. En el territorio chaqueño conviven diferentes grupos de suelo, conocerlos es clave para poder desarrollar el cultivo y explotar su máximo potencial.

En el marco de la jornada técnica de la ExpoAlfa Norte, realizada en Villa Ángela (Chaco), los especialistas Ástor López (EEA INTA Sáenz Peña) y Verónica Sauer (EEA INTA Las Breñas) expusieron la relevancia crítica de adaptar la tecnología del cultivo de alfalfa a las particularidades edafoclimáticas del territorio chaqueño.
Dado que la alfalfa exige un alto nivel de recursos para expresar su potencial biofísico, el conocimiento profundo del suelo se convierte en el principal filtro para asegurar la estabilidad biológica y la rentabilidad de las pasturas. Al respecto, el Ing. Ástor López remarcó de forma categórica:
«El suelo es el factor que puede condicionar el éxito o el fracaso del cultivo. La alfalfa es una importante productora de materia seca asociada a una alta demanda de nutrientes y agua por parte del suelo…»


Si bien el norte argentino cuenta con excelentes condiciones térmicas y lumínicas, la diversidad edáfica puede limitar los rindes si no se realiza una correcta selección de los lotes. Tal como indicó López:
«Si bien el Chaco tiene buenas condiciones de radiación y temperatura, tiene una gran variabilidad de suelo…»
Para un óptimo desarrollo, la alfalfa requiere perfiles con profundidad efectiva, buena estructura, porosidad, drenaje eficiente, ausencia de sales y sodio intercambiable, además de un pH cercano a la neutralidad. Sin embargo, en el territorio chaqueño conviven diferentes grupos de suelo (desde lomas agrícolas hasta bajos y paleocauces con limitaciones de drenaje o presencia de horizontes subsuperficiales densos).
Las principales restricciones que afectan la fisiología del cultivo en la región comprenden:
Para sostener techos productivos elevados, el INTA recomienda realizar un muestreo estratificado de suelo (incorporando la capa superficial de 0–20 cm para evaluar Fósforo Bray —buscando un rango crítico de 25 a 30 ppm— y capas de 0–60 cm para monitorear nutrientes móviles, salinidad y sodicidad).


El manejo agronómico en la región chaqueña exige planificar barbechos eficientes para acumular agua útil, evitar el tránsito excesivo de maquinaria en condiciones de humedad no aptas para prevenir la compactación, y corregir oportunamente las deficiencias de fósforo, azufre o boro.
Al cierre de la jornada en ExpoAlfa Norte, los disertantes sintetizaron la importancia de una correcta planificación previa:
«El conocimiento detallado del suelo y el uso de las cartas de suelo e imágenes de diagnóstico son la mejor inversión previa para garantizar la persistencia y productividad del alfalfero en la región.»