En la industria forrajera, la diferencia entre la rentabilidad y la pérdida radica en la capacidad de transformar datos en decisiones tácticas. Se analizaron más de 6 mil muestras recolectadas entre 2020 y 2025 que muestran el mapa de nutrientes.

En el marco del Congreso Argentino de Forrajes, el ingeniero agrónomo Fernando Clemente, de manera conjunta con el laboratorio Rock River presentaron una “radiografía” del silaje en argentina con más de seis mil muestras que fueron tomadas a lo largo de seis años (2020-2025).
«Buscamos evaluar la calidad nutricional de la alfalfa, pero lo que más me interesaba es cómo estamos conservando esa calidad», enfatiza Clemente.
El diagnóstico es claro: mientras el potencial genético y nutricional del cultivo se mantiene estable, los indicadores de conservación han encendido alarmas que comprometen seriamente el retorno de la inversión.

La calidad nutricional es el activo biológico de la alfalfa, pero la estabilidad observada en los últimos cuatro años no debe confundirse con un estado óptimo. Existen techos de cristal en la gestión que impiden maximizar la producción de leche y carne.
La transición de un buen cultivo a un forraje de alta performance depende de no permitir que componentes no nutricionales diluyan estos indicadores.

Cenizas: El enemigo silencioso en el rumen
La higiene en la confección es el factor que más castiga la rentabilidad del silaje. El contenido de tierra no solo desplaza nutrientes, sino que introduce microorganismos indeseables que sabotean la fermentación.
El fracaso en los niveles de Cenizas: Los datos revelan un punto crítico de gestión: el 53% de las muestras superan el 11% de ceniza (promedio de 11.6%). Si consideramos que el nuevo objetivo de excelencia es del 8%, la brecha es alarmante. Estamos transportando y almacenando tierra, encareciendo la logística y dañando el ambiente ruminal.
Digestibilidad de la Fibra: Aquí se define la producción de leche. El estudio desglosa dos métricas clave que el sector suele confundir:
Herramientas estratégicas sugeridas
El cuidado para “tener reserva”
Existe una brecha peligrosa entre «tener alfalfa» y «lograr un silaje». Los indicadores de conservación han sufrido una degradación sistémica en los últimos 4 años, evidenciando una pérdida masiva de nutrientes durante el almacenamiento.
La Materia Seca no es un dato de laboratorio; es la herramienta de gestión más económica y potente. De su control depende el éxito del proceso fermentativo.
El 83% de los silajes con menos de 35% de MS presentaron niveles críticos de ácido butírico. La humedad excesiva es el principal catalizador del fracaso fermentativo.
Para silajes en bolsa —que representan el 90% de la producción en Argentina— el objetivo debe ser estrictamente entre el 35% y 40% de MS. Clemente fue categórico: cosechar en el rango del 35-40% no compromete la estructura de la planta ni genera pérdidas significativas de hoja. El miedo a un material «seco» está costando toneladas de proteína aprovechable.
«Se acabaron los cortes directos»: La recomendación es tajante. Los cortes directos carecen de la calidad necesaria para rodeos de alta demanda; el premarchitamiento es innegociable.

Enumeró algunos puntos a tener en cuenta:
La tecnología y la genética ya están en el campo, pero la rentabilidad se pierde en la ejecución. «No existen soluciones mágicas ni productos mágicos; existe la gestión del proceso y la materia seca».
La inoculación debe ser una decisión técnica, no una compra por catálogo:
MS <40%: Uso de bacterias homofermentativas para acelerar la caída del pH mediante ácido láctico.
MS >40%: El desafío es la compactación y el oxígeno remanente. Se requieren inoculantes combinados (homo y heterofermentativas) para garantizar la estabilidad aeróbica al momento de la apertura.
Lo que no se mide y gestiona, se pierde. El éxito del silaje de alfalfa no se define en el laboratorio, sino en el control estricto de la materia seca y la higiene en el momento en que la cuchilla toca el campo.