Regar forrajes es el negocio

En el segundo Congreso Argentino de Forrajes, el ingeniero agrónomo Aquiles Salinas destacó el rol del forraje como eje del negocio agropecuario. Eficiencia, viabilidad, costos, capacidad operativa y mucho más…

Desde una perspectiva de gestión de riesgo, el forraje no debe ser interpretado meramente como un insumo agronómico, sino como el verdadero motor económico y la garantía de solvencia de la empresa ganadera.

Hablar de producción de forrajes, de eficiencia en la producción, es clave porque determina la viabilidad financiera de todo el sistema; cualquier fallo en la base alimenticia desestabiliza la estructura de costos y compromete la capacidad operativa de la «fábrica» animal.

En el Congreso Argentino de Forrajes, el ingeniero agrónomo Aquiles Salinas, Magíster Internacional en Riego y Drenaje, brindó una charla que se tituló “impacto del riego en la producción de forrajes”.

Aquiles Salinas, especialista en riego

El principal «cuello de botella» identificado por Salinas ocurre cuando la planificación de escritorio ignora la volatilidad biológica y climática. Según el experto, «cuando el forraje no alcanza en un negocio, no solamente se ve afectada la cadena productiva, lo que se afecta realmente es el negocio». 

Esta premisa transforma un problema técnico —la falta de materia seca— en un riesgo sistémico crítico: el paso del desafío agronómico al económico es inmediato y suele forzar la liquidación de activos biológicos (vientres o stock) en momentos de precios deprimidos.

Esta vulnerabilidad financiera nos obliga a confrontar la variable más crítica e impredecible de la ecuación productiva: un clima cuya inestabilidad rompe cualquier proyección lineal.

La planificación estratégica basada en medias históricas representa un riesgo latente. Salinas advierte que «la realidad hace que los promedios sean justamente lo que menos veces se da en el tiempo». La variabilidad climática actual invalida la planificación «de escritorio», ya que los desvíos negativos impiden alcanzar los techos productivos necesarios para cubrir los costos fijos crecientes.

Para dimensionar esta brecha, analizamos el balance hídrico bajo la metodología Penman-Monteith en la región central:

Consumo potencial de la alfalfa: 1300 mm anuales para máxima productividad.

Oferta hídrica promedio (Región Centro): 770 mm.

Déficit estructural: 550 mm anuales.

En el último quinquenio, la crisis se ha profundizado: ni siquiera se alcanzó el «promedio verde», acumulando un déficit real de 1000 mm en los últimos 5 años. A nivel nacional, la asimetría es total: solo el 20% del área tiene balance hídrico positivo, concentrando el 80% de los recursos superficiales en la zona mesopotámica. Sin embargo, la región central presenta una ventaja estratégica: la combinación de aptitud de suelo con acuíferos de excelente calidad (baja conductividad eléctrica) que se desplazan de oeste a este, permitiendo el desarrollo de riego suplementario de alta eficiencia donde la productividad es mayor.

Esta brecha hídrica obliga a considerar el riego no como un lujo, sino como una herramienta de cobertura y estabilización, lo cual nos obliga a un giro decisivo en la lógica de asignación de capital.

Forrajes vs. commodities extensivos

La transformación de milímetros de agua en carne o leche representa un salto cualitativo en la rentabilidad por unidad de recurso. El consultor senior debe identificar que el riego en forrajes no es solo una mejora técnica, sino una optimización del margen neto por milímetro aplicado, superando ampliamente a los granos tradicionales.

Valor agregado por milímetro de riego aplicado (USD/mm):

ActividadValor de Producto Medio – Costo Riego (USD/mm)
Soja0.27
Trigo0.65
Maíz (Grano)1.38
Ganadería (Carne)6.36
Tambo (Leche)9.89

En cultivos de grano, el flete representa el 31% del costo directo; de cada tres camiones producidos, uno se destina exclusivamente a logística. Al aumentar el volumen mediante riego, este peso relativo puede asfixiar el negocio si no se transforma en origen. 

La producción de forraje para carne o leche permite licuar este costo logístico, convirtiendo un volumen pesado en un producto de alta densidad económica y valor agregado.

Habiendo cuantificado el potencial de valor agregado, debemos aplicar esta lógica al eslabón más vulnerable de la cadena: la cría en zonas marginales.

Desde la gestión de riesgo, el «costo de oportunidad de desistir» es inmenso. Durante sequías regionales, comprar forraje externo no solo implica precios exorbitantes (picos de mercado), sino enfrentar el riesgo de desabastecimiento total. El riego es una «cobertura física» que evita la descapitalización forzada y asegura la continuidad de la «fábrica» de terneros, independientemente del ciclo pluviométrico.

Establecida la estabilización en la cría, el riego alcanza su máxima expresión de eficiencia en sistemas de alta intensidad como el tambo.

El impacto del riego en el tambo

En el sistema de INTA Manfredi, el riego funciona como el ecualizador que elimina la incertidumbre de la dieta animal, permitiendo una planificación nutricional exacta y una ejecución sin fisuras.

Resultados productivos de alta performance:

  • Producción de materia verde: 41 tn/ha (regado) vs. 19 tn/ha (secano).
  • Productividad individual: 35.5 litros/vaca/día vs. 28 litros en secano.
  • Eficiencia de superficie: Se logró la misma producción total con 420 ha bajo riego que con 757 ha en secano.

Este último dato es el más relevante para el gestor de negocios: el riego permitió una «Diversificación de Portfolio» al liberar más de 330 hectáreas. Esta superficie excedente puede destinarse a cultivos de especialidad o agricultura de grano, optimizando el retorno sobre la tierra y diluyendo el riesgo operativo mediante múltiples unidades de negocio dentro de la misma estructura.

Tras analizar la transformación interna, el riego abre la puerta a un negocio de escala global: la alfalfa de calidad internacional.

Alfalfa de exportación: Calidad, tecnología y mercados globales

La alfalfa, «la reina de los forrajes», se posiciona hoy como un commodity de alto valor con una demanda global insatisfecha. El mercado mundial proyecta alcanzar los 100,000 millones de USD para 2031, traccionado por países asiáticos y árabes que demandan estándares de calidad (proteína y fibra) y homogeneidad que el secano no puede garantizar de forma constante.

La tecnología de Riego por Goteo Subterráneo (SDI) es la clave para capturar este mercado premium. Los ensayos demuestran:

  • Incrementos de rendimiento: Entre 40% y 60% en Materia Seca, alcanzando techos de 26 tn/ha.
  • Densidad de inversión: La eficiencia depende directamente del diseño sistémico; acercar los laterales (espaciamiento de 1m vs 1.5m o 2m) correlaciona con la capacidad de alcanzar los techos de productividad y homogeneidad nutricional exigidos por el mercado de exportación.

La implementación exitosa requiere abandonar el enfoque simplista. Como afirma Salinas: «Regar no es al secano aplicarle agua». Es una tecnología de procesos que exige balances hídricos precisos, nutrición sistémica y monitoreo constante. Sin un manejo integral, el capital invertido no retornará los dividendos esperados.

Estructura de inversión y retorno:

  • Goteo Subterráneo: 4,000 – 4,500 USD/ha.
  • Aspersión (Pivote): 2,500 – 2,800 USD/ha.
  • Retorno de la Inversión (ROI): Históricamente entre 4 y 9 años para granos, pero con una capacidad de pago sustancialmente mayor y más acelerada en sistemas de transformación (carne/leche).

El productor que adopta el riego descubre oportunidades secundarias de alto impacto: la venta de excedentes forrajeros, la recría de machos propia ante la abundancia de pasto y la gestión ambiental mediante fertirriego, utilizando efluentes como fertilización sistémica.

Para Aquiles Salinas el riego en forrajes ofrece indicadores financieros «mucho más contundentes» que la agricultura de granos tradicional. El riego suplementario es la herramienta definitiva que permite «ejecutar los calendarios planificados y lograr que el trabajo que hicimos en el Excel se concrete en la realidad del campo», cerrando definitivamente la brecha entre la ambición estratégica y la seguridad operativa.

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