En un nuevo capítulo del podcast Alfalfa en Acción, Mauricio Dezotti (Mc Hale) dialogó con Miguel Forni sobre la confección de rollos de alfalfa y brindó claves para tener en cuenta: humedad, atado y tecnología.

En la constante evolución de la conservación de forrajes, la rotoenfardadora pasó de ser un implemento puramente mecánico a convertirse en una central tecnológica de alta precisión. En un nuevo episodio del podcast Alfalfa en Acción, conducido por el Ing. Agr. Miguel Forni junto a Somos Alfalfa, Mauricio Dezotti —integrante de la firma Crimase, representante de la marca McHale en Argentina— repasó el trayecto técnico del sector y analizó las claves que transformaron la confección de rollos en el país.
La tecnología actual permite alcanzar ritmos de trabajo impensados tiempo atrás. Con velocidades de trabajo de 16 a 17 km/h, las unidades modernas logran confeccionar entre 70 y 80 rollos por hora, alcanzando pesos de hasta 800 kilogramos.
El factor decisivo para este salto operativo es la consolidación del atado con malla (malla plástica) en reemplazo del hilo:
Para dar respuesta a la demanda de rollos de fibra picada, las rotoenfardadoras incorporan sistemas de corte (cutter) con control hidráulico que procesan el material sin sacrificar velocidad ni deteriorar la estructura de la máquina.
A su vez, los recolectores evolucionaron hacia anchos de 2,10 a 2,20 metros, equipados con seis hileras de dientes y diseños sin pista de levas. Esta simplicidad mecánica elimina mantenimientos complejos y asegura un flujo constante y masivo de forraje hacia la cámara de prensado.
“Yo siempre le digo al productor que deben producir bombones de alfalfa”, aseguró en un tramo de la charla Mauricio Dezotti, destacando la importancia de producir valor a la hora de pensar en el rollo que será el alimento del animal.
Uno de los cambios de paradigma más claros en el mercado es la estandarización del ancho del rollo en 1,20 metros, desplazando progresivamente a los formatos de 1,50 o 1,60 metros (reservados mayormente para consumo interno dentro del propio establecimiento).
Esta adopción responde estrictamente a razones logísticas y de transporte vial:
El mercado del heno transita hacia una comercialización basada en el peso real y el contenido proteico, dejando atrás la venta por bulto o unidad. Esta tendencia, empujada por las exigencias de la exportación y las plantas de secado, posiciona a las herramientas de precisión como inversiones estratégicas que se amortizan en el mediano plazo mediante la preservación de la calidad del forraje.