La empresa EMFAG presentó el producto que promete un salto tecnológico en nutrición vegetal. El desafío es reducir la dependencia de fertilizantes químicos con el objetivo de ser más eficientes y bajar costos.

La empresa EMFAG (Empresa Familiar Argentina Gaucha) dijo presente en AgroActiva y días atrás hizo lo propio en TodoLáctea donde presentó Germisem Alfalfa, un producto que captó la atención de productores y especialistas del sector.
Se trata de una innovación en nutrición vegetal, y según explicó a SomosAlfalfa Jonathan Lazaroni se trata de un inoculante diseñado para maximizar el rendimiento forrajero a través de procesos biotecnológicos de vanguardia.

Germisem Alfalfa: El mecanismo de fijación biológica de nitrógeno
Uno de los desafíos críticos de la agricultura actual es reducir la dependencia de fertilizantes químicos como la urea, cuya aplicación al voleo suele ser ineficiente y costosa.
La apuesta de Germisem Alfalfa es sustituir este paradigma por la Fijación Biológica de Nitrógeno (FBN). Utilizando cepas específicas de Rhizobium (técnicamente Sinorhizobium meliloti para alfalfa), este inoculante permite que la planta capture el nitrógeno directamente del aire. Es un proceso análogo al éxito que el Bradyrhizobium japonicum ha tenido históricamente en el cultivo de soja, adaptado ahora con precisión para las necesidades de la alfalfa.
Al respecto, Lazaroni subraya la eficiencia natural de este proceso:
«El nitrógeno de la atmósfera va hacia la planta… este inoculante se encarga de capturar lo que es el nitrógeno de la atmósfera para la planta. Hoy, si tirás urea al voleo, estás ante algo costoso; con esto ocurre algo natural, similar a lo que sucede en el cultivo de soja».
Esta captura biológica no solo optimiza los costos operativos al reducir la necesidad de fertilización química anual, sino que garantiza que la nutrición esté disponible de manera constante desde las raíces, favoreciendo un nacimiento uniforme y vigoroso del cultivo.
Más allá de la nutrición nitrogenada, el éxito de una pastura de alfalfa reside en su capacidad de establecerse rápidamente en el lote. EMFAG ha integrado en su producto la tecnología PG3, un complejo de tres ácidos —fitohormonas reguladoras del crecimiento como las auxinas y giberelinas— diseñados para intervenir en la fisiología de la semilla.
Esta innovación rescata un principio ancestral de la agricultura, el ablandamiento de la semilla para acelerar la germinación, y lo eleva a un estándar biotecnológico de alta precisión, garantizando que el cultivo emerja con una uniformidad temporal crítica para competir contra las malezas.
Lazaroni explica esta solución técnica mediante una analogía con las prácticas tradicionales del campo: «¿Qué hacía la gente de antes para que naciera el maíz o la alfalfa toda junta? Metían la semilla un día antes en el agua para ablandar la cutícula. Nuestro inoculante tiene tres ácidos, un PG3, que cumple esa misma función: ablanda la cutícula de la semilla para que nazca todo en tiempo y forma, de manera pareja».
Gracias a esta acción sobre la cutícula, el productor logra una emergencia sincronizada, un factor determinante para el manejo posterior y la longevidad del alfalfar.
Para que una tecnología sea adoptada masivamente, la simplicidad en el manejo es tan crucial como el resultado biológico. EMFAG ha diseñado un protocolo de aplicación que minimiza el error operativo, permitiendo que el tratamiento se realice de forma ágil directamente en el establecimiento antes de la siembra.
El proceso recomendado para asegurar la máxima eficiencia es el siguiente:
Esta facilidad de implementación asegura que el potencial del inoculante se mantenga intacto hasta el momento de entrar en contacto con el suelo, independientemente de la escala del productor.
Esta biotecnología demuestra su mayor fortaleza cuando las condiciones ambientales no son ideales. En suelos marginales o degradados, donde la disponibilidad de nutrientes es limitada, el aporte del inoculante se vuelve un factor diferenciador que democratiza la productividad, permitiendo obtener resultados competitivos en campos tradicionalmente considerados de menor aptitud.
El entrevistado fue claro: «Cuanto más malo sea el suelo, mejor va a funcionar el inoculante de EMFAG».