Fuerte impacto de las heladas en los alfalfares bonaerenses

Las temperaturas extremas frenan la producción en Carlos Tejedor. Con registros que alcanzaron los -5,4°C, el invierno castiga duro a las pasturas del noroeste bonaerense. Análisis de los datos climáticos y el estado crítico de los lotes.

El invierno está dejando su huella en la provincia de Buenos Aires. En la región de Carlos Tejedor, los productores alfalferos se enfrentan a un escenario sumamente complejo tras una seguidilla de severas heladas que han provocado un marcado «quemado» foliar y la interrupción abrupta en el crecimiento de las pasturas.

El rigor climático en números

De acuerdo con el reciente informe de monitoreo de la Estación Hidrometeorológica Carlos Tejedor, perteneciente a la red de estaciones del CONICET y el IHLLA, la caída térmica ha sido drástica. Durante los últimos 30 días analizados (del 1 de junio al 7 de julio de 2026), la temperatura mínima promedio se ubicó en los -0,8°C, un indicativo claro del rigor ambiental.

Registro Crítico: 7 eventos de helada

En poco más de un mes, la región soportó siete días con temperaturas por debajo del punto de congelación, con un recrudecimiento notable en la primera semana de julio:

15 de junio: -3,4 °C

24 de junio: -2,7 °C

25 de junio: -3,6 °C

1 de julio: -1,7 °C

3 de julio: -4,4 °C

4 de julio: -5,4 °C (La helada más intensa)

5 de julio: -2,7 °C

Los gráficos de evolución térmica evidencian cómo las curvas de temperatura se desplomaron repetidamente en patrones de serrucho, generando un estrés por frío agudo y acumulativo en los cultivos que se encontraban en fase de mantenimiento invernal.

El impacto directo en el lote: Daño foliar severo

Las imágenes relevadas a campo en la zona de Carlos Tejedor son contundentes y reflejan la crudeza de los datos meteorológicos. Se observa un daño por congelamiento severo en el tercio superior de las plantas de alfalfa. El follaje presenta una coloración parda generalizada, con tallos decumbentes, marchitos y hojas completamente necrosadas.

Este es un síntoma clásico del estallido celular provocado por la formación de cristales de hielo en los tejidos vegetales tiernos al ser sometidos a temperaturas tan extremas como los -5,4°C. Si bien los estratos inferiores de las plantas, protegidos por el mismo dosel, conservan algo de coloración verde, la pérdida de biomasa foliar en la parte superior es total. Esto repercute directamente en la fisiología y el aprovechamiento del cultivo:

  • Detención del crecimiento: El cultivo frena su metabolismo por completo para intentar sobrevivir, retrasando sustancialmente las proyecciones de oferta forrajera.
  • Pérdida de calidad nutricional: El material «quemado» pierde rápidamente digestibilidad, energía y valor proteico. Esto afecta de manera directa la ración para los rodeos lecheros y de cría/invernada que dependen de estas pasturas.
  • Apertura del canopeo: La muerte y caída de la parte superior de la planta permite un mayor ingreso de luz al nivel del suelo. Si bien el crecimiento de la alfalfa está frenado, malezas invernales adaptadas al frío podrían aprovechar esta ventaja competitiva.

El escenario hídrico: Un atenuante clave a futuro

Como contrapunto positivo, el análisis hidrológico del mismo informe de la Estación muestra que el nivel freático se mantiene estable (en torno a los -1,38 metros bajo el nivel del suelo). Esto es consecuencia de la recarga hídrica lograda durante las lluvias de abril.

Este dato es crucial ya que indica que las raíces profundas de la alfalfa cuentan con humedad suficiente. El estrés que hoy vemos en los lotes es netamente térmico y no hídrico. Una vez que las temperaturas comiencen a repuntar hacia fines del invierno y principios de la primavera, la disponibilidad de agua en el perfil garantizará una rápida y vigorosa respuesta de rebrote desde las coronas.

Por lo tanto se recomienda asumir que la tasa de crecimiento de la alfalfa será nula en el corto plazo. También ajustar la carga animal en base a reservas y evitar el pastoreo intensivo de los lotes severamente helados. 

Un sobrepastoreo en este momento de debilidad puede dañar la corona (órgano de reserva clave), comprometiendo severamente la persistencia y la densidad de plantas de la pastura a futuro.

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