Fierros forrajeros: Secretos del rastrillo estelar

En un nuevo episodio del podcast “Alfalfa en acción” puso en agenda este tipo de herramienta que sobrevive a las tecnologías de punta. Una charla de Miguel Forni con Marcos Formica, gerente de investigación y desarrollo de Mainero para poner a un viejo conocido en el centro del debate.

Mientras las tecnologías de punta como los sistemas giroscópicos o los recolectores de andana ocupan titulares, el rastrillo estelar estelar “sobrevive” en varios campos. Para Marcos Formica, gerente de investigación y desarrollo de Mainero, esta permanencia es una respuesta pragmática: en un contexto donde el tiempo apremia, su sencillez mecánica, el bajísimo mantenimiento y una envidiable facilidad operativa lo mantienen en la cima de las preferencias, muy por encima de alternativas más complejas y costosas de mantener.

Adaptación y logística

Según Marcos Formica, el rastrillo estelar brinda respuestas rápidas y no necesita una ingeniería de despliegue compleja. Además, ambos coincidieron en que “en el negocio del forraje, la proteína está en la hoja, y cada hoja perdida es dinero que se escapa”, y ante sistemas mal configurados el rastrillo estelar ofrece una mejor solución.

A esto se suma una ventaja económica clave: su versatilidad de potencia. Estos equipos son ideales para el parque de tractores de establecimientos mixtos o lecheros (rango de 60 a 120 HP), ya que no dependen de tomas de fuerza complejas ni de caudales hidráulicos extraordinarios, eliminando cuellos de botella energéticos.

Una evolución que obligó a mejorar

Las rotoenfardadoras modernas han subido la vara. Hoy hablamos de máquinas capaces de procesar entre 20 y 30 toneladas por hora, una capacidad de «ingesta» que deja fuera de juego a las configuraciones de rastrillado antiguas.

La evolución técnica es clara:

  • Obsolescencia de los rastrillos laterales: Ya no alcanzan a alimentar el apetito de las nuevas enfardadoras, quedando relegados ante la necesidad de mayor volumen de material por metro lineal.
  • Transición a la configuración en «V»: Es la respuesta técnica obligatoria para alcanzar densidades de 10 kg por metro lineal.
  • Reducción de costos: Esta alta densidad no solo busca eficiencia en el tiempo, sino también la reducción del desgaste de la maquinaria, ya que la enfardadora procesa más material con menos recorrido. Un rastrillo mal dimensionado es, hoy más que nunca, un ancla para la rentabilidad del equipo de recolección.

Un aparato “poco cuidado”

Siendo la máquina más sencilla del parque, el rastrillo suele ser el más maltratado y peor regulado. Marcos Formica advierte que muchos operarios caen en la trampa de la «búsqueda estética de prolijidad», queriendo dejar el suelo barrido como si fuera un jardín, lo que constituye un error técnico grave.

Los fallos comunes que destruyen el valor del forraje son:

  • Contacto excesivo con el suelo: La obsesión por no dejar ni una brizna lleva a la contaminación del forraje con tierra y a la rotura sistemática de púas.
  • Regulación del cilindro hidráulico: La regla de oro es que las ruedas estelares solo deben tocar el suelo para traccionar, no para clavarse. Si el rastrillo deja «rayas en el suelo», es una señal visual de alerta roja; se está dañando la corona de la alfalfa y fatigando el chasis de la máquina.
  • Ángulo de ataque: Si para cubrir el ancho de labor el operario debe abrir la máquina al extremo, significa que hubo una mala elección de compra. Un rastrillo demasiado perpendicular al avance arrastra el pasto en lugar de hacerlo fluir, afectando la calidad de la hilera.

Configuración de la hilera 

Incluso con una máquina bien regulada para no tocar el suelo, el trabajo fracasa si la geometría de la hilera no es la adecuada para la rotoenfardadora. Una hilera defectuosa produce rollos deformes, difíciles de transportar y con deficiencias de conservación.

Formica enumeró pautas estrictas para una formación óptima:

  • Mover el material que queda en la franja central para evitar parches de humedad residual que puedan generar focos de micotoxinas dentro del rollo.
  • El ancho de la hilera debe ser aproximadamente la mitad del ancho del recolector. Por ejemplo, para un recolector de 2,10 metros, la hilera ideal es de 1,10 metros. Esta proporción es la que permite al operador realizar el maniobre de zigzag, cargando de forma pareja ambos costados de la cámara de prensado y evitando el temido «centro flojo» que arruina la estabilidad del rollo.

La aparente simplicidad del rastrillo estelar ha llevado a un descuido cultural que Argentina debe corregir. No se puede seguir cometiendo el error de asignar esta tarea crítica al personal con menos experiencia del equipo de trabajo. 

El rastrillo es el encargado de cuidar la proteína y de preparar la cama de alimentación para máquinas de cientos de miles de dólares.

Profesionalizar la operación del rastrillo, entendiendo que cada ajuste impacta en la longevidad del equipo y en la calidad nutricional, es la diferencia entre un hábito cultural y una ventaja técnica. 

Aprovechar las cortas ventanas climáticas depende de que el rastrillo trabaje con precisión quirúrgica, asegurando que el esfuerzo de toda la campaña se traduzca en un forraje de excelencia.

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