El rastrillo: la operación que define la calidad de la alfalfa

“El rastrillo es la operación que más pérdidas genera en todo el proceso de henificación”, aseguró Pablo Cattani, especialista en la materia en su charla con Miguel Forni.

En el marco del podcast «Alfalfa en Acción», surge una reflexión necesaria sobre una de las etapas más determinantes y, paradójicamente, menos valoradas del proceso de henificación: el rastrillado. 

Esta operación no debe considerarse un simple paso de transición, sino una maniobra estratégica que define la viabilidad económica y la densidad nutricional de la reserva final. 

Como bien señala Miguel Forni, existe una preocupante falta de importancia otorgada tanto a la selección de la maquinaria como a su regulación precisa. Esta negligencia operativa transforma lo que debería ser una inversión en una pérdida silenciosa de recursos, impactando de forma directa y negativa en la calidad del producto que llega al comedero o a los mercados internacionales de alta exigencia.

Existe una paradoja en la gestión de las empresas agropecuarias contemporáneas: mientras se invierte significativamente en genética de punta y fertilización dirigida, el rastrillado suele delegarse a los operarios con menor experiencia técnica. Se opera bajo la falsa premisa de que es una «tarea sencilla» que solo requiere desplazar material. 

Sin embargo, Pablo Cattani desmitifica esta percepción al advertir que esta es, precisamente, la etapa donde se producen las mayores pérdidas de material seco y calidad biológica en todo el ciclo de henificación.

El mito del «rastrillado sencillo» 

Considerar el rastrillado como una labor menor es un error financiero que cuesta dinero real al productor. La falta de profesionalismo en esta tarea no solo degrada la integridad del forraje, sino que reduce el volumen total recolectado por hectárea, afectando el retorno sobre la inversión (ROI) del cultivo.

Profesionalizar este proceso es el primer paso para mitigar riesgos y asegurar que el potencial genético del alfalfar se traduzca efectivamente en una reserva de alto valor proteico.

La evolución tecnológica de los rastrillos 

El sector forrajero argentino está atravesando un cambio de paradigma tecnológico impulsado por la necesidad de eficiencia. La superación de barreras mentales está permitiendo que los productores adopten herramientas que priorizan la integridad de la hoja, el componente donde reside la verdadera rentabilidad. 

Según el análisis de Cattani, la transición desde los tradicionales rastrillos estelares hacia los giroscópicos y, en la cúspide tecnológica, hacia los agrupadores de hilera (mergers), marca un salto cualitativo en los estándares de producción.

Los beneficios estratégicos de los agrupadores de hilera (mergers) son contundentes para una operación de escala:

  • Mayor ventana de trabajo: Permiten una flexibilidad operativa superior frente a las fluctuaciones climáticas.
  • Eficiencia operativa extrema: Logran ritmos de trabajo de entre 15 y 20 km/h sin comprometer la estructura del forraje.
  • Tratamiento del material: A diferencia de los sistemas de arrastre, su mecánica de recolección es significativamente menos agresiva, optimizando la relación hoja-tallo incluso cuando el volumen de biomasa es elevado.

La importancia del proceso… regulación, higiene y más

La tecnología, por sofisticada que sea, constituye un gasto superfluo si no se integra en un proceso operativo de excelencia. La calidad higiénica del forraje —un factor crítico para la exportación— depende estrictamente de la regulación de la máquina. Un error común en el rastrillado es la incorporación de tierra, lo que incrementa el contenido de cenizas en el análisis de laboratorio, desplomando el Valor Relativo del Forraje (RFV) y provocando el rechazo de partidas comerciales.

Para maximizar la eficiencia y la higiene, Cattani propone criterios técnicos rigurosos:

Rastrillos Giroscópicos: Es vital garantizar el paralelismo con el suelo. Además, el control de las RPM es mandatorio: una velocidad excesiva de los rotores sobre alfalfa seca provoca el impacto mecánico que destruye la hoja, perdiendo la principal fuente de proteína antes de que llegue al fardo.

  • Agrupadores de hilera: Su gestión se simplifica al centrarse en la altura de recolección y el uso de controles hidráulicos para la descarga, lo que desvincula la calidad del trabajo de la velocidad de avance del tractor.
  • Rastrillos estelares: Estos equipos presentan una relación inversa entre velocidad y calidad. Superar los 7-8 km/h no solo provoca pérdida masiva de hojas, sino que arrastra partículas de suelo al interior de la andana, comprometiendo la higiene.

Asimismo, es imperativo adaptar la intensidad del trabajo a las condiciones de humedad, operando con máxima delicadeza en las horas críticas para evitar que el material quebradizo se pierda en el rastrojo.

La adopción de agrupadores de hileras no es una tendencia estética, sino una exigencia técnica de los mercados de alta gama. Cattani destaca el caso de empresas exportadoras con destino a los Emiratos Árabes Unidos, donde el uso de rastrillos estelares ha sido descartado en favor de los agrupadores. 

En estos mercados, la calidad se mide bajo parámetros estrictos donde el agrupador garantiza tres pilares:

  • Color: Preservación del verde intenso, indicativo de un proceso de secado y manipulación controlado.
  • Trazabilidad: Estandarización del proceso que asegura un producto homogéneo en cada envío.
  • Eficiencia operativa: Capacidad de procesar grandes extensiones en el momento justo, capturando el valor nutricional óptimo.

La coyuntura climática y las variables de rentabilidad a menudo frenan la inversión, pero el análisis histórico del sector ofrece lecciones valiosas. El sector de picado de forrajes fue el pionero en adoptar rastrillos giroscópicos. Esta decisión no fue azarosa: las picadoras autopropulsadas son activos de altísimo costo que no pueden permitirse tiempos muertos por roturas causadas por piedras o hileras mal formadas, ni pueden procesar material contaminado con tierra.

En cuanto a los rastrillos estelares, la industria ha intentado compensar su limitación de velocidad (7-8 km/h) fabricando equipos cada vez más anchos y largos para ganar capacidad de trabajo. Sin embargo, esta solución de escala no resuelve el problema de fondo: la incorporación de cenizas y la agresividad con la hoja. Por otro lado, los rastrillos de barras paralelas, aunque ofrecen un trato amable a la planta, carecen de la capacidad operativa y la versatilidad de regulación que exigen las explotaciones modernas.

El futuro del mercado argentino se proyecta hacia una adopción creciente de giroscópicos y mergers, impulsada por la necesidad de profesionalizar la producción para sostener la rentabilidad frente a costos crecientes.

La conversación entre Miguel Forni y Pablo Cattani deja una conclusión contundente: la elección y regulación del rastrillo es una decisión financiera estratégica, no un detalle mecánico menor. No se trata simplemente de agrupar pasto, sino de cosechar nutrientes con la mínima contaminación posible.

Para alcanzar una henificación de precisión, el productor debe priorizar la capacitación del personal y la puesta a punto técnica de los equipos. Solo mediante la excelencia en estos procesos operativos se podrá maximizar la rentabilidad real de la alfalfa, garantizando un producto que cumpla con los estándares nutricionales e higiénicos que demandan los mercados más competitivos del mundo.

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