Una firma cordobesa ya comercializó alrededor de 400 animales en 2026 y trabaja con una red de cerca de 100 carnicerías. El proyecto busca posicionar un producto con características similares a la carne vacuna y una identidad propia en el mercado.

La producción de búfalos, sumado a la alfalfa y el feedlot es una alternativa que puede permitir transformar el negocio. En 2025, la empresa Pretto Agronegocios incorporó 370 búfalos a su producción ganadera en el centro de Córdoba con una premisa poco habitual: en lugar de destinarlos a ambientes marginales, decidió evaluar su respuesta con pasturas de alfalfa y terminación en feedlot.
La palabra eficiencia gana espacio en cada debate, charla y capacitación que los especialistas en producción abordan. Es que los altos costos y los bajos márgenes de ganancias obligan a “sacarle agua a las piedras”.
En ese marco emerge la producción bubalina como una alternativa real, pese a que siempre fue “relegado” y tratado como una producción para “campos marginales” o zonas de humedales, limitando su potencial a una simple cuestión de rusticidad.

Sin embargo, la firma Pretto Agronegocios, con la dirección de Rodrigo Bosch pateó el tablero en el corazón de la pampa húmeda, donde la lechería, la ganadería y los granos son la gran estrella, decidieron integran los búfalos a los sistemas de alta productividad.
En una nota publicada por el portal Aire Agro, explicaron que las operaciones están centradas en las localidades cordobesas de Sacanta y Las Varillas (Córdoba), y una red de proveedores que se extiende a San Luis y Santiago del Estero. La empresa ya proyecta un hito de 400 animales comercializados para agosto de 2026.
La base de este éxito radica en entender que la rusticidad es una ventaja competitiva, no un pretexto para el descuido nutricional, conectando así la visión de mercado con un manejo forrajero de vanguardia.
La reina de las forrajeras, el motor de la eficiencia
La decisión de utilizar la alfalfa como combustible principal en la recría bubalina no es solo nutricional, sino una apuesta por la eficiencia biológica. Tradicionalmente, se ha penalizado al búfalo enviándolo a las peores tierras bajo el pretexto de su capacidad digestiva superior.
No obstante, desde un enfoque de agronegocios, este es un error de costo de oportunidad: el «buen manejo» permite que el animal exprese un potencial de crecimiento que la marginalidad oculta.
Para ilustrar esta brecha, Bosch utiliza la analogía del sorgo: cuando este cultivo se siembra en lotes deficientes y sin fertilización, sus resultados son mediocres. Pero cuando se ajusta la nutrición y el manejo, el rendimiento explota. En el búfalo, la diferencia entre el abandono y el manejo intensivo representa una brecha de rendimiento de hasta el 40%.
“La mayoría de los productores destina los búfalos a los peores campos, en áreas marginales. Nosotros, en cambio, empezamos a darles un buen manejo”, señaló Bosch.
Al establecerse en zonas de alto potencial forrajero, el sistema prepara al animal para un ciclo de invernada acelerado, facilitando una transición fluida hacia el acabado final en confinamiento.

Feedlot, mayor peso y bienestar
El feedlot es la herramienta definitiva para la estandarización del producto. En un mercado que exige uniformidad, el confinamiento permite que el búfalo adquiera las características sensoriales de una carne premium, alejándose del sabor rústico asociado a los pastos duros.
Los indicadores técnicos de este sistema intensivo reflejan una respuesta biológica excepcional:
En este nivel de intensificación, el manejo del estrés térmico es un protocolo de bienestar no negociable. Debido a la fisiología del búfalo y su limitada capacidad para disipar calor, el acceso permanente a sombra y agua de calidad es fundamental para asegurar que la ganancia de peso no sufra mesetas.
Bosch es contundente sobre los beneficios de este enfoque: “Nos dimos cuenta de que, si en vez de darles pastos duros les damos maíz y alfalfa, engordan y tienen buena calidad”.
Este salto técnico garantiza una carne de excelencia, pero el verdadero desafío reside en que esa calidad sea reconocida por el consumidor final en el mostrador.
Olvidarse del “nace búfalo, muere vaca”
Con el objetivo de que el negocio sea sostenible, y reconocido, es necesario dejar atrás cuestiones como el fenómeno donde el animal se produce con excelencia pero se diluye en la cadena como carne vacuna genéric. Desde Pretto Agronegocios combate esto mediante una red de 100 carnicerías que apuestan por la identidad de marca y la trazabilidad.
La carne de búfalo se posiciona hoy como una estrategia de sustitución de mercado. Ante la escalada de precios del bovino, el búfalo ofrece una alternativa competitiva que, a diferencia del cerdo o el pollo, mantiene una similitud sensorial casi idéntica a la vaca, permitiendo una penetración de mercado más agresiva.
“Si el carnicero no lo dice, el cliente no tiene cómo saberlo. Si ponemos dos bifes, uno de vaca y otro de búfalo, uno al lado del otro, no se nota la diferencia”, remarca Bosch.
Al ser una carne naturalmente magra con niveles mínimos de grasa intramuscular (marmoreo) es ideal para dietas saludables.
Desde la óptica financiera, el búfalo ofrece un indicador que «da vuelta la ecuación» del negocio: su vida productiva. Mientras que el ciclo de una vaca de cría obliga a renovar el vientre tras unos 5 años, la búfala mantiene su productividad más de 15 años.
Fuente: Aire Agro