El desafío de enrollar en húmedo: Los secretos de confección en la era del microsilo

En el marco del Podcast Alfalfa en Acción, el ingeniero agrónomo Miguel Forni y el Ingeniero Zootecnicas, Gustavo Ciccello, referente de Yomel, analizaron la gestión de reservas forrajeras. Datos, novedades y los pormenores de un sistema que avanza.

En un nuevo episodio del podcast Alfalfa en Acción se reunieron para hablar de la confección de microsilos el conductor Miguel Forni, ingeniero agrónomo y titular maquinarias agricolas de la UNL y el ingeniero Zootecnista Gustavo Cicchello, gerente de clientes especiales de Yomel.

Mientras que el almacenamiento convencional puede derivar en mermas de hasta el 70% debido a la inestabilidad climática, el henolaje propone un cambio de paradigma: sustituir la deshidratación por un sistema fermentativo capaz de blindar la calidad nutricional. Para dominar esta técnica, es imperativo desglosar una evolución tecnológica que hoy permite lo que hace décadas parecía imposible.

La comprensión del pasado de las rotoenfardadoras es la mejor herramienta para no repetir los errores que condenaron a esta técnica al ostracismo en los años 90. La tecnología actual es el fruto de un refinamiento de cinco décadas:

  • Los orígenes (1970): El desarrollo comenzó con el ingeniero mecánico West Bugelé y el agrónomo Virgin Hervik. Aquel prototipo original poseía dimensiones masivas —una cámara de 2,20 metros de alto por 1,80 de ancho— con una densidad máxima de 300 kilogramos, modelo que luego comercializaría la firma estadounidense Vermen.
  • Bifurcación tecnológica: Con los años, la industria se dividió entre las cámaras de correas y las cámaras fijas. Estas últimas fueron ideadas específicamente para los tratamientos en húmedo, permitiendo una gestión del material que las correas no podían garantizar.
  • El fracaso de los 80/90: El abandono de la técnica en aquella época se debió a una combinación crítica: máquinas con nula capacidad de compactación y polietilenos inadecuados. El resultado fue un forraje de bajísima calidad que llevó a la destrucción de los equipos por falta de resultados.

Hoy, la clave del éxito reside en una ingeniería que entiende que el proceso comienza mucho antes de que la máquina ingrese al lote.

La ventana de cosecha es el factor determinante para capturar el máximo de proteína y energía. El manejo del microsilo es, en esencia, la gestión de un proceso biológico vivo bajo condiciones de humedad controlada.

Para alcanzar una calidad premium, el corte debe realizarse en estado de prebotón floral. La humedad óptima oscila entre el 40% y el 50%, siendo este último el techo máximo absoluto (con un límite de 10% de floración) para no comprometer la capacidad de fermentación.

  • Necesidad biológica: A diferencia de las gramíneas, la alfalfa no aloja bacterias del suelo de forma natural. Por ello, el uso de inoculantes homofermentativos o heterofermentativos es obligatorio para garantizar un descenso rápido del pH.
  • Impacto de malezas: La limpieza del lote es innegociable. Las malezas alteran el pH y, fundamentalmente, generan cámaras de aire que impiden la compactación hermética, convirtiéndose en focos de hongos y bacterias indeseadas.

La elección y configuración de la maquinaria define el Retorno de Inversión (ROI) de la reserva. No es casual que en la última campaña se hayan contabilizado cerca de 300.000 microsilos, validando una tendencia masiva hacia la tecnificación.

  • Cámara de correas vs. Fija: Utilizar cámaras de correas con material húmedo provoca bandeamiento, estiramiento y fatiga prematura del rodillo tensor. La recomendación técnica se inclina por las cámaras fijas con rodillos, configurando rollos de 120 x 120 centímetros, medida estratégica para alinearse con los encintadores comerciales.
  • Acondicionamiento y rastrillado: El uso de rodillos acondicionadores en la segadora es vital para un secado uniforme entre tallos y hojas. Para evitar la contaminación con «ceniza exógena» (tierra), es fundamental el uso de rastrillos giroscópicos, preservando la pureza del material.
  • El aireador: Esta herramienta es un secreto a voces en la evolución del microsilo. Sus rotores en línea no solo facilitan el venteo, sino que cumplen la función de seccionar y homogeneizar los niveles de humedad en el campo, acelerando la fermentación posterior.

El empaquetado es el seguro de vida de la inversión. La hermeticidad total es lo único que garantiza que el proceso fermentativo no se vea interrumpido por el oxígeno.

Especificación TécnicaRequerimiento Profesional
Capacidad de EstiramientoNo menor al 50%
Espesor del Film23 a 25 micrones (15 micrones si se usa red interna)
Protección UVAdaptada según el ambiente
Encintado de Seguridad24 vueltas para un blindado correcto

Cicchello subraya que la producción nacional de polietileno es una ventaja competitiva clave, ya que garantiza insumos diseñados específicamente para nuestras condiciones climáticas, evitando la dependencia de productos extranjeros genéricos de composición desconocida.

Logística, manejo y el factor humano

El manejo de grandes volúmenes de material húmedo exige una organización milimétrica. En la alfalfa con 40-45% de humedad, la pérdida de agua es sumamente veloz debido a la respiración estomática, lo que obliga a ajustar la velocidad de avance para evitar desfasajes operativos.

La consolidación del microsilo en Argentina, como destacan Cicchello y Forni, es el resultado de la profesionalización del sector. El éxito de esta técnica no reside únicamente en la sofisticación de la maquinaria, sino en el alto valor cultural y la capacidad de resolución del operario y el profesional argentino. 

El microsilo de alfalfa no es solo una alternativa técnica; es la evolución hacia una producción de alta eficiencia que posiciona al agronegocio nacional en la vanguardia tecnológica global.

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