Un nuevo capítulo del podcast Alfalfa en Acción dejó una interesante charla entre el ingeniero Miguel Forni y Gastón Urrets Zavalía, del grupo Alfalfa del INTA donde abordaron el proceso productivo de la reina de las forrajeras.

El cultivo de alfalfa se transformó con el paso de los años. Pasó de ser un cultivo de cobertura pensado para la rotación y “recuperar el suelo” o ser una alternativa productiva tipo «commodity» que industrializado puede aportar ingresos “interesantes”.
Una charla mantenida en el podcast “Alfalfa en Acción” entre el conductor ingeniero agrónomo Miguel Forni y el ingeniero agrónomo Gastón Urrets Zavalía, integrantes del grupo Alfalfa del INTA Manfredi analizaron como en un escenario global donde los márgenes operativos se estrechan, la capacidad de transformar biomasa en proteína de alta calidad (con trazabilidad y estándares internacionales) define la viabilidad económica del proyecto.
Evolución del mapa alfalfero: Menos superficie, mayor desafío productivo
Históricamente, Argentina sustentaba su producción en una extensión de 5 millones de hectáreas, pero cultivos como la soja y el maíz fueron impulsados (por la agricultura de precisión) en campos “marginales” y la superficie alfalfera se contrajo en poco más de tres millones de hectáreas.

De esta manera, surgieron “nuevos nodos de producción estratégica”, indicó Urrets Zavalía, que están redefiniendo el mapa:
Con la soja y el maiz ganando terreno, la alfalfa fue desplazada a campos “menos eficientes” y el productor tuvo que buscar rentabilidad ajustando los procesos productivos y mejorando cada paso. Hoy, la consigna es clara: producir más proteína por metro cuadrado mediante la profesionalización extrema de las hectáreas restantes.
El costo oculto, pérdidas del 40 por ciento
El sector afronta serios problemas de eficiencia por una cuestión climática y la brecha entre materia seca producida y aprovechada es realmente importante.
Un productor que genera 13 tn MS/ha/año tiene un porcentaje de desperdicio estimado que ronda el 40 por ciento a raíz de Ineficiencia operativa y factores climáticos (precipitaciones).
Claro está que el modelo de producción en Argentina tiene una limitación: la alta frecuencia de lluvias durante la primavera y el verano, que afecta de dos a tres cortes anuales. Por ello el sector empezó, desde hace un tiempo, a analizar la necesidad de incorporar tecnología de secado al proceso por sobre la expansión del área. El objetivo es estabilizar la calidad frente a la volatilidad ambiental, evitando que el excedente de heno de baja calidad sature y deprecie el mercado interno.
La forma de cosecha, claves para lograr mayor calidad
Un rotundo cambio sucedió en el paso de la «desmalezadora de hélice» hacia sistemas de corte neto y acondicionamiento. Mientras que la hélice tradicional desgarra la planta y retrasa su recuperación, los nuevos sistemas respetan la fisiología del cultivo.
Los ensayos realizados por el INTA Manfredi demuestran que el uso de segadoras acondicionadoras genera incrementos de:

Las ventajas fundamentales de esta tecnología son:
1. Cicatrización y rebrote acelerado: El corte neto permite que la planta no pierda energía en sanar heridas, permitiendo alcanzar un corte adicional por año.
2. Reducción de pérdida por repicado: Disminuye el desperdicio del 14% (propio de las hélices) a solo un 3%.
3. Uniformidad en el secado: El acondicionamiento del tallo iguala su tasa de pérdida de humedad con la de la hoja.
Cabe destacar que invertir en una segadora acondicionadora no es un gasto, sino una herramienta de alta liquidez: se amortiza en dos años.
Secar a través del rastrillo
Una vez realizado el corte, la alfalfa inicia una carrera contra la degradación. Con una humedad inicial del 80-85%, el punto crítico se sitúa en el 50%. Mientras la planta esté por encima de ese umbral, continúa respirando y consumiendo sus propios hidratos de carbono solubles. Esto reduce directamente el Valor Relativo del Forraje (RFV), lo que significa que el productor pierde energía y dinero cada hora que el secado se retrasa.


Para una gestión técnica de precisión, se deben observar estos límites:
El uso de rastrillos giroscópicos es esencial para orientar la fibra adecuadamente y, sobre todo, para evitar la incorporación de tierra, asegurando un material limpio para los exigentes requerimientos nutricionales modernos.
El mercado de heno ha madurado: el «rollo genérico» está siendo reemplazado por productos estandarizados que los nutricionistas demandan para reducir la dependencia de suplementos costosos. Sin embargo, para acceder a la exportación, las exigencias son aún más estrictas:
En esta charla entre ingenieros quedó claro que el futuro del agronegocio de la alfalfa en Argentina radica en la estabilización del ciclo comercial mediante la incorporación de tecnología al proceso.