Aunque los OGMs han llegado para quedarse, aún hay mercados que no avalan sus ingresos para ciertas producciones. El cultivo de alfalfa y sus subproductos no escapan a esta problemática actual, por lo que desde el INTA ya se comienzan a plantear posibles soluciones ante la presencia de transgénicos en lotes de semillas convencionales en campos argentinos.

Informe de Daniel Odorizzi y Daniel Basigalup – INTA Manfredi
Se denomina Organismo Genéticamente Modificado o Modificado Genéticamente (OGM u OMG) a aquel cuyo material genético ha sido alterado usando técnicas de ingeniería genética. La ingeniería genética permite modificar organismos mediante la transgénesis o la cisgénesis, es decir, la inserción de uno o varios genes en el genoma. Como organismos transgénicos se hace referencia a organismos a los cuales se les ha introducido uno o más genes foráneos (no propios de la especie) a través de la ingeniería genética o más específicamente a través de la transformación genética. Todos los transgénicos son OGMs, pero no todos los OGMs son transgénicos. El objetivo es ampliar o modificar la base genética de la especie mejorando su comportamiento o utilidad sin perder sus cualidades beneficiosas preexistentes.
A nivel global existe una gran adopción de los cultivos biotecnológicos. Según el Consejo Argentino para la Información y Desarrollo de la Biotecnología (ArgenBio), en 2019, 17 millones de agricultores de 29 países sembraron cultivos transgénicos en 190,4 millones de hectáreas. Entre los cultivos transgénicos sembrados en el mundo se encuentran: soja, maíz, algodón, canola, remolacha azucarera y alfalfa con tolerancia a herbicidas; maíz, algodón, berenjena y caña de azúcar resistentes a insectos (Bt); maíz, algodón y soja con tolerancia a herbicidas y resistencia a insectos combinadas.
El 48% de las hectáreas sembradas con cultivos transgénicos en el mundo en 2019 correspondieron a soja, el 32% a maíz, el 14% a algodón y el 5% a canola. El 1% restante de la superficie sembrada con cultivos transgénicos en el mundo correspondió a variedades transgénicas de alfalfa, remolacha azucarera, caña de azúcar, papaya, cártamo, papa, berenjena, calabacín amarillo, manzana, ananá, clavel y rosa. Argentina ocupa el tercer puesto en superficie sembrada con OGMs con 24 millones de hectáreas y principalmente de los cultivos de soja, maíz, algodón y alfalfa.
Por lo mencionado anteriormente es evidente que los OGMs han llegado para quedarse y por lo tanto es importante desarrollar métodos de producción para cualquier mercado. Esto último hace referencia a aquellos mercados que acepten, que definan tolerancias o que rechacen a los OGMs. Por tal motivo ¿cómo pueden coexistir -existir al mismo tiempo que otros, sin anularse el uno al otro-, diversos sistemas, tanto convencionales como OGMs?. La respuesta esta en el manejo, la tolerancia y las buenas prácticas.
En Argentina y en alfalfa existen eventos utilizados legales -desregulados- e ilegales que impactan tanto en la producción de semilla convencional (no OGM) como en la exportación de heno de alfalfa. Por tal motivo, es imprescindible generar estrategias de coexistencia para discriminar y proteger a las alfalfas convencionales de la presencia indeseada de alfalfas Genéticamente Modificadas (GM), tanto para producción de heno como de semillas. En el caso particular de heno, desde 2013 se viene presentando un incremento sostenido (mayor demanda de proteína de origen animal) de las exportaciones de heno de alfalfa debido a economías emergentes del Oriente Lejano con aumento de los ingresos y la consiguiente búsqueda de alimentos de mayor calidad y la imposibilidad de utilizar agua para riego en países árabes. Por lo mencionado, es importante atender a esa demanda creciente e insatisfecha.
La coexistencia de los sistemas, entendida como, «el cultivo simultáneo de cultivos convencionales, orgánicos, con identidad preservada y genéticamente modificados de acuerdo con las preferencias subyacentes de los consumidores y las elecciones de los agricultores“ según el USDA (2012), es posible y todo se reduce a la tolerancia. La coexistencia en alfalfa es importante ya que algunos mercados de exportación, orgánicos y otros son sensibles OGMs, a algunos agricultores o mercados no les gustan los OGM y otros agricultores prefieren OGMs.
¿Cuál es la tolerancia para un nivel bajo de un evento en heno convencional?, algunos dirán cero, algunos mercados sensibles, otros no demasiado sensibles «Garantía verbal de no OGM», algunos mercados (China) requieren no detección «No detectado» mediante PCR. En todos los casos es necesario proteger la producción nacional de semilla de alfalfa convencional (no OGM) para garantizar pureza genética y preservar mercados no OGM de heno y otros productos.

Sí, se puede producir cero heno OGM, pero nadie puede garantizarlo ya que para asegurar “libre de OGM», cada gramo de material debería ser probado, sin dejar nada atrás; incluso problemas de laboratorio. «No OGM» es «no detectado» y debe definirse dentro de los límites de un método de muestreo y análisis o dentro de un protocolo definido. Debe haber un umbral de tolerancia. Por ende, la coexistencia de OGM y no OGM es definitivamente posible e importante para satisfacer la demanda del mercado. Los productores pueden producir heno no OGM incluso cerca del heno OGM o con presencia adventicia (que se desarrolla de forma extraña o fuera de su lugar habitual). Se deben definir los umbrales de tolerancia ya que la tolerancia cero no es analítica ni prácticamente posible; se debe utilizar una combinación de métodos de control de campo y pruebas para asegurar a los compradores el status de no OGM.
Entonces, ¿qué estrategia adoptar?, la respuesta sería, presencia adventicia o baja presencia entendida como una pequeña cantidad de evento no deseado en semillas o heno que puede ser importante o no según el productor o mercado.
La presencia indeseada de transgenes en una población convencional de alfalfa se puede dar básicamente por dos fenómenos: flujo génico mediado por polen o flujo génico mediado por semillas. Se define como flujo génico al intercambio de genes entre dos poblaciones.
Flujo génico por intercambio de polen: para que esto ocurra, debe obviamente concretarse la formación de semilla proveniente de la fecundación cruzada (alogamia) y el subsecuente establecimiento de las plántulas originadas por esas semillas. En el caso particular de la alfalfa, el flujo génico a través del polen depende de la distancia de aislamiento entre las dos poblaciones (es decir entre la alfalfa GM y la convencional), la frecuencia génica, la sincronización de la floración entre las dos poblaciones, y la densidad y el tipo de polinizadores. Considerando los usos de la alfalfa (producción de semilla y producción de forraje, sea heno o pastoreo) y la presencia de plantas de alfalfa asilvestradas (“alfalfa feral”), se podrían dar nueve combinaciones entre la población fuente de polen y la población receptora de polen: 1) de heno/pastoreo a heno/pastoreo; 2) de heno/pastoreo a semilla; 3) de heno/pastoreo a feral; 4) de semilla a heno/pastoreo; 5) de semilla a semilla; 6) de semilla a feral; 7) de feral a heno/pastoreo; 8) de feral a semilla; y 9) de feral a feral.
En el trabajo titulado “Pollen-mediated Gene Flow in Alfalfa”, Van Deynze et al. (2008) hacen una consideración detallada de las probabilidades de ocurrencia del intercambio génico en las seis situaciones que involucran lotes de producción comercial (heno o semilla), que podrían resumirse como sigue:
Flujo génico mediado por semillas: existen tres potenciales vías para generar flujo génico a través de semillas de alfalfa: 1) mezcla de lotes de semilla transgénica y convencional durante la cosecha de lotes, el proceso de limpieza y clasificación y/o el proceso de pelleteo (pildorado); 2) el establecimiento de plantas transgénicas voluntarias, provenientes del banco de semillas, en un lote de producción de semilla de alfalfa convencional que anteriormente haya sido usado con alfalfa transgénica; y 3) dispersión por animales que hayan pastoreado un lote de alfalfas transgénica con presencia de semillas maduras. De los tres casos anteriores, el primero es el de mayor probabilidad de ocurrencia. Por lo tanto, una cuidadosa limpieza de la maquinaria de cosecha y un riguroso control del sistema de procesamiento de semilla en todo momento, a fin de prevenir mezclas y/o detectar presencia adventicia de transgénicos, son elementos fundamentales para prevenir problemas. Por otro lado, la implantación de lotes de multiplicación de semillas convencionales debería hacerse con semilla que haya sido analizada y en la que no se haya detectado la presencia adventicia de semilla transgénica.
Una completa descripción de todos estos procedimientos se ofrece en “Best Management Practices for Adventitous Presence-Sensitive Alfalfa Seed Production” (2015).
A fin de evitar la presencia indeseada de semilla transgénica en lotes de semilla convencionales, se sugieren las siguientes medidas a tener en cuenta:

En función de todo lo anterior, y como punto de partida para diagramar posibles soluciones al problema de la presencia adventicia de transgénicos en lotes de semilla convencionales, se sugiere el siguiente grupo de medidas a ser consideradas:
Por otro lado, considerando que el VBRC tiene una importante producción de miel, la declaración de zona libre de transgénicos podría también favorecer la exportación de los productos derivados de esta actividad. Obviamente, la declaración de “zona libre” debe tratarse a nivel de gobiernos provinciales y de los productores interesados. Existen antecedentes de cierta semejanza para este tipo de situaciones, como las normativas nacionales para preservación de color de catáfila en cebolla y para generación de papa semilla libre de virus.