Claves técnicas e industriales para producir heno de alta calidad 

La calidad del heno no se define por un evento fortuito en la enfardadora, sino que responde a un proceso integral y coordinado que abarca desde la preparación agronómica del terreno hasta la estiba final. En el marco de la ExpoAlfa Norte, la empresa Alfalfar presentó los pilares fundamentales para transformar el manejo forrajero e impactar de manera directa en el rinde animal.

En el marco de la ExpoAlfa Norte, llevada a cabo los días 6, 7 y 8 de octubre en Villa Ángela, provincia del Chaco, y organizada conjuntamente por SomosAlfalfa (ex TodoAlfalfa) y Todo Campos, el Ing. Agr. Gabriel Olocco, representante de la rmpresa Alfalfar, brindó una disertación técnica enfocada en redefinir integralmente la henificación. 

Mientras la región del NEA y el NOA argentino se consolida como una frontera estratégica para la expansión de la alfalfa de alta calidad, impulsada por sus ventajas climáticas y por una creciente demanda de fibra de alto valor nutricional tanto para la ganadería regional como para el mercado de exportación. 

Olocco dejó en claro la premisa rectora de su exposición desde el inicio: «La calidad no se logra en la enfardadora. Empieza el día que se elige el lote y se termina de definir donde se almacena.»

Esta afirmación quiebra el paradigma tradicional que adjudica a la máquina empaquetadora el rol exclusivo sobre el resultado, trasladando la responsabilidad de la calidad a un manejo agronómico sistémico y continuo.

Para reestructurar el proceso productivo, Gabriel Olocco planteó la necesidad de redefinir quién es el verdadero destinatario del heno comercializado. La visión puramente comercial suele considerar como cliente a la persona o intermediario que compra la fibra; sin embargo, desde la perspectiva técnica y zootécnica de la empresa Alfalfar, el enfoque debe ponerse en el sistema biológico que convierte ese forraje en carne, leche o trabajo. 

Entender esta diferencia permite a los productores abandonar la lógica del forraje como commodity indiferenciado y acceder a valores diferenciales en el mercado al segmentar su oferta según los requerimientos biológicos de cada rodeo.

Al respecto, Olocco enfatizó durante su disertación:

«Nuestros principales clientes… consideramos que no es la persona que viene a comprarnos la materia prima del producto, sino que son los que aprovechan el heno para el que estamos produciendo y cada uno tiene una necesidad particular desarrollar la mayor producción posible de acuerdo a la genética que posee.»

Bajo este principio, la calidad del heno de alfalfa deja de ser una apreciación subjetiva y se fundamenta en tres pilares técnicos centrales:

  1. Valor nutritivo: La concentración de nutrientes (proteína, energía, minerales) requerida para satisfacer las exigencias metabólicas de la dieta.
  2. Palatabilidad: La capacidad organoléptica del forraje para ser aceptado y consumido en altos volúmenes de forma voluntaria por el animal.
  3. Digestibilidad: La proporción real de la materia seca consumida que el sistema digestivo del ganado logra degradar y absorber efectivamente.

Destinatarios del heno de calidad

De acuerdo con los requerimientos nutricionales específicos del mercado y la producción ganadera, los principales destinatarios del heno de alta calidad son:

  • Ganado lechero: Rodeos en alta lactancia que requieren dietas de máxima densidad energética y proteica para expresar su potencial genético.
  • Ganado de engorde / Feedlot: Animales en sistemas intensivos de carne que demandan fibra de alta calidad para optimizar la conversión alimenticia y mantener la salud ruminal.
  • Equinos: Animales de alto rendimiento deportivo o trabajo con exigencias digestivas muy estrictas y alta sensibilidad a polvo o mohos.

Comprendida la demanda nutricional del destinatario final, la producción eficiente exige trazar un recorrido riguroso estructurado en tres etapas secuenciales e interdependientes.

De la implantación al almacenamiento

El logro de un heno comercialmente competitivo no se basa en acciones aisladas, sino en el control estricto de una cadena productiva donde cualquier error cometido en un eslabón condiciona irreversiblemente al siguiente. Olocco articuló la gestión operativa en tres fases fundamentales: Implantación, Recolección y Almacenamiento.

Implantación: Alfalfa tratada como cultivo agrícola

El primer paso para obtener un forraje superior consiste en otorgarle a la alfalfa el mismo nivel de planificación técnica y rigor agronómico que se aplica a un cultivo de grano como la soja o el maíz. Olocco sintetizó esta postura con un mensaje contundente en sus diapositivas: «MANEJO: IGUAL QUE UN CULTIVO AGRICOLA!».

La elección del lote y el análisis del cultivo antecesor definen las condiciones físicas del suelo, la acumulación de agua y la ventana de siembra, tal como se detalla en la siguiente estructura técnica:

Cultivo AntecesorEstado del RastrojoCondiciones / Fecha de Siembra
Verdeos de inviernoCorto y compactadoÓptima, con barbecho
TrigoVoluminosoÓptima, con barbecho
GirasolCañas y tortas de difícil descomposiciónBuena, barbecho corto
Maíz siloRestos de cañas de difícil descomposiciónBuena, barbecho corto

Junto con la gestión de los residuos del antecesor, la Empresa Alfalfar resalta cuatro factores agronómicos determinantes para consolidar un stand de plantas denso y uniforme:

  • Corrección previa de la fertilidad del suelo (especialmente fósforo y PH).
  • Selección de semilla de alta pureza, fiscalizada y con genética adaptada al ambiente.
  • Definición precisa del momento de siembra buscando humedad y temperatura de suelo adecuadas.
  • Manejo integral y monitoreo continuo de malezas, plagas y enfermedades desde la emergencia.

Corte, acondicionado e hilerado: La carrera por la hoja

La etapa de recolección representa la fase operativa de mayor exigencia física sobre la biomasa. La primera decisión estratégica se toma al ingresar con la segadora, marco en el cual las diapositivas del disertante sentenciaron: «Corte: Es el momento donde se decide obtener VOLUMEN o CALIDAD».

Las especificaciones operativas para un corte técnicamente impecable incluyen:

  • Altura de corte: Mantener el remanente entre 5 y 8 cm para proteger las yemas de la corona y acelerar el rebrote del alfalfar.
  • Afilado de cuchillas: Mantenimiento riguroso del filo para lograr un corte limpio que evite la deshilachadura del tallo y reduzca el estrés hídrico de la planta.
  • Planificación diaria: Adecuación del momento del día para el corte y ajuste del ancho de la andana en función de la radiación solar y la humedad ambiental.

El uso del acondicionador mecánico resulta indispensable para equiparar las tasas de evaporación en las distintas partes de la planta. Según explicó Olocco: «El tallo tiene cutícula cerosa y se seca mucho más lento que la hoja. El acondicionador quiebra esa barrera y empareja el secado.»

Durante todo el proceso de secado e hilerado, el objetivo técnico central se resume en una máxima operativa: «Henificar es una carrera por sacar agua del tallo sin romper la hoja». 

Dado que la hoja concentra más del 70% de la proteína bruta y la mayor digestibilidad de la planta, su pérdida física por uso de rastrillos en momentos inadecuados arruina el valor comercial del heno.

Humedad del Forraje al Rastrillar (% de Humedad)Pérdida de Materia Seca (% Pérdida de MS)
50%2%
40%4%
30%9%
20%17%

Como lo demuestran las cifras expuestas por Olocco, «La pérdida se multiplica cuando el forraje está seco», haciendo imperativo hilerar con los niveles de humedad adecuados para preservar la integridad foliar.

Gestión de contingencias climáticas y confección

Dentro de la fase de recolección, la lluvia sobre el forraje cortado constituye el factor de pérdida más grave y el único impredecible que no puede ser controlado directamente. La precipitación causa el lavado inmediato de los carbohidratos solubles (la fracción más digestible del alimento), rehidrata los tejidos vegetales y reactiva la respiración celular, destruyendo reservas energéticas. 

Además, obliga a mover mecánicamente la andana golpeada —provocando una pérdida masiva de hojas— y promueve el desarrollo de hongos y decoloración comercial.

Para mitigar este impacto, Olocco enumeró 6 estrategias de gestión de riesgo:

  1. No cortar sin contar con una ventana meteorológica de al menos 3 días razonablemente segura.
  2. Priorizar el acondicionado mecánico y el uso de andana ancha para maximizar la intercepción solar y acortar el ciclo de secado.
  3. Dimensionar la superficie cortada diariamente a la capacidad real de confección y empaquetado del parque de maquinarias.
  4. Definir con antelación un plan B operativo (uso de conservantes químicos propiónicos o derivación de la biomasa a henolaje/empaque húmedo).
  5. En caso de precipitación sobre la andana, realizar el aireado mecánico mientras el forraje esté todavía húmedo y flexible, jamás cuando ya se haya secado.
  6. Adaptar de manera estricta la humedad de confección según el formato del empaquetado (fardos tradicionales, rotofardos o megafardos de alta densidad).

Almacenamiento: el eslabón olvidado

El tramo final del proceso suele presentar severas deficiencias en los establecimientos productivos. Gabriel Olocco advirtió categóricamente sobre esta falla estructural: «Almacenaje: Es la etapa en que se puede perder todo lo ganado».

Existe una marcada paradoja operativa en el sector: la infraestructura de almacenamiento es la etapa más económica de optimizar en términos del capital invertido respecto al costo del parque de maquinaria y, sin embargo, suele ser la más descuidada. 

Un heno de calidad excepcional mal estibado o expuesto a la intemperie, a la humedad del suelo o a filtraciones de lluvia puede sufrir pérdidas de materia seca y nutrientes superiores a las acumuladas durante todo el proceso de cosecha.

Asimismo, el disertante abordó en detalle el fenómeno del denominado «heno tostado», caracterizado visualmente por un tono caramelo y un aroma dulce acaramelado. Aunque este material suele ser consumido con avidez por los animales debido a su alta palatabilidad, representa una seria devaluación nutricional. 

El sobrecalentamiento interno en la estiba (superando los 50-60 °C por exceso de humedad de confección) desata la Reacción de Maillard, un proceso químico donde los azúcares solubles se combinan con las cadenas proteicas. Esto genera un enlace irreversible que incrementa el nitrógeno insoluble en detergente ácido (NIDA), volviendo a la proteína químicamente inasimilable para el metabolismo del rumiante.

Para evitar que estos deterioros invisibles afecten la rentabilidad ganadera y la reputación comercial del establecimiento, la gestión del almacenamiento debe validarse objetivamente mediante herramientas de diagnóstico de laboratorio.

Medir para mejorar

La analítica de laboratorio representa la herramienta indispensable para transparentar el mercado de forrajes, permitiendo determinar con precisión el valor real del producto y garantizar los estándares requeridos por los compradores más exigentes del ámbito nacional e internacional.

Para obtener resultados confiables, Olocco describió el protocolo estandarizado de muestreo en campo:

  • Herramienta: Uso obligatorio de un calador técnico acoplado a taladro para extraer un núcleo transversal representativo.
  • Homogeneidad: Muestrear únicamente lotes uniformes provenientes de la misma parcela, corte y día de confección.
  • Intensidad de muestreo: Extraer entre 15 y 20 submuestras (caladas) por cada lote o estiba evaluada.
  • Acondicionamiento: Consolidar y homogeneizar las submuestras en un recipiente limpio, reduciendo el compuesto por cuarteo hasta obtener una muestra final de 500 gramos para envío inmediato al laboratorio.

Para definir la categoría comercial y el valor nutricional del heno, existen 4 parámetros analíticos fundamentales que deben interpretarse en el informe de laboratorio:

  1. Humedad (%): Determina la estabilidad biológica del fardo. Valores superiores al 15-18% activan la respiración fúngica y el calentamiento por reacción de Maillard, mientras que valores por debajo del 10-12% garantizan la conservación segura pero pueden aumentar el quebrado foliar si no se manipulan correctamente.
  2. Proteína Bruta (PB %): Mide la concentración de nitrógeno total del forraje. En henos de calidad superior (Clase Suprema/Exportación), la PB debe superar el 20%, siendo el parámetro rector para la formulación de raciones de alta producción lechera o de carne.
  3. Fibra Detergente Ácido (FDA %): Cuantifica la fracción de celulosa y lignina de la pared celular. La FDA está inversamente relacionada con la digestibilidad total del alimento: a menor valor de FDA (idealmente por debajo del 30%), mayor es la energía neta que el animal puede extraer del heno.
  4. Fibra Detergente Neutro (FDN %) y Valor Relativo del Forraje (RFV): La FDN mide la totalidad de la pared celular (hemicelulosa, celulosa y lignina) y determina la capacidad de consumo voluntario por parte del ganado (a mayor FDN, menor llenado ruminal permitido). A partir de la combinación de FDN y FDA se calcula el RFV (Relative Feed Value), un índice estandarizado internacionalmente donde valores superiores a 150 RFV definen la calidad de exportación.

La implementación rigurosa de estos protocolos analíticos y el control sistemático de procesos ha sido el pilar técnico que respalda los 10 años de trayectoria de la Empresa Alfalfar en el mercado forrajero.

Esta consistencia en la medición y certificación técnica constituye el fundamento indispensable para consolidar una propuesta de valor sustentable en la industria de la alfalfa.

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