Lo manifestó Gustavo M. Schuenemann (MV, MS, PhD), Profesor y Veterinario de Extensión en Lechería en The Ohio State University en su presentación en el Congreso Argentino de Forrajes.

En la actualidad, la discusión para pensar en calidad del forraje no pasa exclusivamente por la genética o la maquinaria de última generación, sino que la higiene de las reservas es fundamental.
Argentina compite en los mercados más exigentes de carne y leche, pero enfrenta un «techo invisible» que limita su eficiencia biológica. El Dr. Gustavo Schuenemann (Universidad de Ohio) realizó una presentación apuntando al productor local: Argentina posee una agronomía de excelencia, pero su «talón de Aquiles» es el proceso de conservación. Su sentencia fue tajante: «Argentina no es un país que tenga malos forrajes. El problema que tiene es la higiene».

Esta distinción es crítica porque la inversión en genética se pierde si el alimento que llega al comedero está viciado. La higiene no es una cuestión estética; es el filtro biológico que determina si los nutrientes se transformarán en producto o si se perderán en procesos inflamatorios y raciones encarecidas.
Tres pilares…
Es fundamental elevar la higiene a un parámetro de control de calidad biológico. Schuenemann desglosa este concepto en tres pilares que interactúan de forma destructiva si no se gestionan:
¿Qué pasa cuando la vaca come tierra?
La contaminación por suelo es un enemigo silencioso. Para dimensionar su impacto, Schuenemann propone un cálculo matemático basado en el análisis de laboratorio. Partiendo de una base del 5% de cenizas (minerales propios de la planta), cada punto porcentual adicional equivale a 10 kg de tierra por tonelada.

Bajo esta lógica, una ración con 11% de cenizas implica que el animal consume 60 kg de tierra por cada tonelada de materia seca. Sin embargo, el impacto no es uniforme según la geografía: en regiones con suelos arcillosos (Santa Fe, Entre Ríos o el sur de Córdoba), la misma cantidad de contaminación es mucho más dañina que en los suelos arenosos del oeste de La Pampa o Buenos Aires.
El costo económico es devastador. La tierra actúa como un secuestrante inverso, neutralizando hasta el 30% de las vitaminas, minerales y aminoácidos que el productor ya pagó en la dieta.
Mientras que los tambos de alta performance en el mundo apuntan a 200/400 gramos de tierra por día, muchos rodeos argentinos están consumiendo más de 1.5 kg diarios, diluyendo la energía y saboteando el potencial genético.
Diez días que definen más que un año
La logística de cosecha es, en esencia, una herramienta de medicina veterinaria preventiva. El manejo durante la ventana de picado define la salud del rodeo por más de un año. A continuación, se detallan las decisiones críticas para proteger la higiene:
Altura de Corte
Manejo de caminos y polvo
Ingeniería de infraestructura



El análisis de forrajes debe integrarse con la fisiología animal. Schuenemann destaca el impacto de la micotoxina DON (Deoxinivalenol), que eleva los niveles de cortisol en sangre. El cortisol es la señal biológica que desencadena el parto; por ende, un silo contaminado conduce a «gestaciones cortas», resultando en terneros débiles y vacas con alta incidencia de enfermedades posparto.
Un caso de estudio alarmante proviene de Córdoba, donde el uso de un 70% de silo de vicia en dietas de vaquillonas derivó en una crisis de infertilidad y mortinatos (terneros muertos). La recomendación técnica es clara: el silo de vicia es una herramienta excelente, pero su inclusión debe limitarse estrictamente al 30% de la dieta para evitar estos desórdenes reproductivos.
Argentina posee ventajas competitivas naturales insuperables: escala productiva y una calidad de agua excepcional. Sin embargo, para capitalizarlas, el sector debe abandonar el sistema de simples comparaciones y adoptar procesos controlados donde la higiene sea la prioridad.
Mejorar la higiene no es un gasto, es la inversión más barata en energía y salud animal. «La higiene es el puente que une la excelencia agronómica del campo con la eficiencia biológica del animal; cruzarlo con precisión es lo que permitirá a Argentina consolidarse como el gran proveedor global de proteína de alta calidad», destacó.