Tres miradas, una misma pasión. Conocé cómo Eliana Andrik, Candela Oñuk y Romina Curutchet impulsan la producción, la innovación y el valor agregado de la alfalfa en el norte Argentino.

En el corazón de los campos argentinos, la alfalfa no solo se mide en hectáreas, rindes o volúmenes de exportación. Se mide en resiliencia, en memoria familiar y en la convicción de que cada brote sostiene el futuro de la producción agropecuaria. Detrás de esta trama verde que desafía sequías y abre mercados internacionales, laten historias de vida donde el trabajo y la pasión se entrelazan de manera natural.
Del lote familiar al horizonte internacional
Para Romina Curutchet, la alfalfa guarda el aroma de la infancia y la memoria colectiva de su hogar. Todo comenzó tras la pérdida de su abuelo, hacia el año 2000, cuando su padre sembró los primeros lotes para sustento propio. Aquellos días marcaron el ritmo de su adolescencia. A los 14 años, junto a su madre Patricia y su hermano Kevin, Romina ya maniobraba tractores, acoplados y rastrillos en una rutina familiar donde todos ponían el cuerpo.
El tiempo y la formación profesional la llevaron a especializarse en publicidad y docencia, pero el lazo con la tierra permaneció intacto. Ante el desafío de la exportación familiar, sumó una Maestría en Comercio Internacional. Hoy, Romina integra la comunicación, el marketing y la academia con el mundo del cultivo, acercando a sus propios alumnos a la dinámica de las exposiciones sectoriales: «Para mí tiene algo de círculo que se cierra: empecé trabajando en aquellos primeros lotes con mi familia y hoy puedo aportar desde lo que estudié y enseñarles a otros sobre ese mundo».

La estructura del crecimiento y la visión global
Desde otro ángulo de la cadena, la historia de Eliana Andrik demuestra cómo el ámbito profesional puede transformarse en un motor de desarrollo productivo regional. Abogada especialista en Derecho Empresario, Eliana ingresó al mundo agropecuario al fundar junto a su pareja, Fabián Tannfeld, la firma Raza Argentina Alfalfas SRL.
Lo que comenzó como un asesoramiento en marcos jurídicos y contractuales se convirtió rápidamente en un conocimiento profundo del negocio en el terreno. De las leyes pasó a comprender cada eslabón productivo y el valor estratégico que el cultivo representa para la provincia del Chaco. «No pensamos solamente en producir y comercializar alfalfa, sino en agregar valor a una producción de nuestra región, industrializarla y llevarla al mundo», reflexiona Eliana, reafirmando que la alfalfa terminó incorporándose orgánicamente a su propia identidad como empresaria.
La reina de los campos: resistencia y vocación
Para Candela Oñuk, que estudia abogacía (está realizando la tesis), “la revelación de la alfalfa llegó en un lote de 15 hectáreas”. Fue allí donde descubrió la capacidad de adaptación de un cultivo que, aún frente a ciclos severos de sequía, permanecía firme e imponente: «Como una reina mostrando su capacidad de resistencia y de adaptación».
Ese aprendizaje temprano despertó en Candela una búsqueda constante por la eficiencia, el entendimiento del suelo y la mejora del sistema productivo integral. Lo que inició como una escala pequeña maduró en una vocación profunda y continua por aportar valor a la sustentabilidad agropecuaria. «Hoy producir alfalfa es una de nuestras mayores pasiones y desafíos permanentes», resume.

Tres caminos, un mismo cultivo
Recordando cómo inició para cada una el recorrido dentro del mundo de la alfalfa, y cual es la imágen que guardan en la memoria, Romina fue segura: “en mi cabeza está clarísima la imagen de ir al campo de chica con mi familia, juntar el material con la horquilla y cargarlo en bolsas”.
“Con los años pasamos a andar en los tractores con mi mamá Patricia y mi hermano Kevin mientras mi papá cargaba los fardos. Era un esfuerzo verdaderamente compartido”, agregó.
Por su parte, Candela recordó: “en mi caso la imagen es la de un lote de 15 hectáreas en medio de la sequía. Ver que la alfalfa seguía ahí, en pie como una reina mientras todo lo demás sufría el clima, me impactó muchísimo”.
Mientras que Eliana destacó “para mí el recuerdo es distinto, no vino de la infancia sino del desafío empresarial. Mi primera imagen fue sentarme a armar la estructura jurídica de Raza Argentina Alfalfas SRL junto a Fabián (su esposo). Empezó en los papeles, pero rápidamente me di cuenta de que para acompañar el proyecto tenía que pisar el campo y entender la producción desde adentro”.
Llegando desde lugares diferentes, cada una complementa sus conocimientos previos para aplicarlos al desarrollo del negocio y complementan esas herramientas al momento de desarrollar una idea.
En el caso de Eliana manifestó que “el marco legal te da la estructura, pero entender el negocio y el potencial regional te da la visión. A nosotros nos mueve la idea de industrializar desde el Chaco y proyectarnos al mundo con visión de largo plazo”. En el caso de Romina, “la Publicidad y la Maestría en Comercio Internacional me permitieron volver al origen desde otro lugar. Hoy aporto en comunicación y marketing, y desde la docencia puedo conectar a mis alumnos con esta actividad”.
Por su parte, para Candela la experiencia inicial la llevó a entender que todo está relacionado a “entender el aporte de la alfalfa a la fertilidad, la estructura y la sustentabilidad del sistema, que es la base para que después existan proyectos comerciales sólidos”.
Por último, al definir que representa la alfalfa en sus vidas, fueron directas. En el caso de Romina aseguró que “representa un círculo que se cierra: la historia de mi familia, el esfuerzo de mi papá y mi hermano, y la posibilidad de volcar todo lo que estudié en algo que viví desde chica”.
Mientras que para Candela “es una pasión y un desafío permanente de aprendizaje, de buscar siempre formas de producir mejor” y Eliana remarcó que “es la confirmación de que se pueden unir mundos diferentes, transformar una actividad productiva en un proyecto empresarial sólido y demostrar todo lo que nuestra región tiene para ofrecerle al mundo”.
La historia de estas tres mujeres representa a un sinnúmero de pares que día a día, desde su lugar aportan al desarrollo de la alfalfa. En Candela, Romina y Eliana, buscamos graficar una pequeña parte de lo que día a día sucede en distintos puntos de nuestra Argentina, donde las mujeres deciden, transforman y son una parte fundamental del andamiaje productivo de nuestro país.